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El nuevo orden interamericano en ciernes que deja ver la Cumbre de Las Américas

La Cumbre de las Américas es el espejo de "un nuevo orden interamericano" en el que Estados Unidos deja de ser el jefe máximo ante países que piden paso para definir su propia agenda y renovar organizaciones como la OEA, estiman expertos.  

"Esa idea de que América Latina y el Caribe por su proximidad comparten los mismos principios y metas se acabó", declaró a la AFP Christopher Sabatini, investigador principal de Chatham House.

La lista de los países invitados por Estados Unidos a esta cita regional hizo saltar chispas al excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela, a los que Washington considera regímenes dictatoriales.

En respuesta México, Bolivia, Honduras, el bloque del Caribe, Chile y Argentina protestaron.

Un maratón diplomático estadounidense no logró convencer a todos de asistir y algunos presidentes boicotearon la cumbre, como el mexicano Andrés Manuel López Obrador, que envió en su lugar al canciller Marcelo Ebrard. Lo mismo hicieron los presidentes de Bolivia, Honduras, Guatemala y El Salvador.

Otros acudieron como mensajeros, como el argentino Alberto Fernández, en representación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a la que pertenecen los tres excluidos.

De poco sirvió el tono conciliador del anfitrión, el presidente estadounidense Joe Biden, quien pidió "unidad y diálogo".

El canciller mexicano dijo que siguió todos los discursos y contabilizó a 20 países a favor de que se invitara a los excluidos, mientras que diez se abstuvieron y dos se opusieron. No especificó cuáles.

Esto "es el germen de un nuevo orden interamericano, en el que Estados Unidos ya no es el jefe máximo" y "la región está más dividida con mucha más autonomía para definir su agenda", afirma Sabatini.

En la cumbre México, Argentina, Bolivia y El Salvador pidieron reestructurar instituciones que fueron pensadas para la integración.

Arremetieron contra la Organización de los Estados Americanos (OEA) y Fernández llegó a solicitar un cambio de jefatura en referencia al secretario general Luis Almagro.

Para Jason Marczak, experto en América Latina del grupo de reflexión Atlantic Council, estos comentarios "expresan una frustración con el sistema interamericano" y la necesidad de que "se renueve para ser aún más eficiente a la hora de responder a los temas prioritarios de las Américas de hoy en día" que son "muy distintos de lo que eran hace décadas".

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El propio Biden propuso una "reforma ambiciosa" del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y quiere invertir en su rama de préstamos al sector privado para "dirigirlos hacia donde tengan el mayor impacto".

La influencia de Estados Unidos en la región ha disminuido desde hace una década, a medida que aumentaba la de China a golpe de talonario.

Ryan C. Berg, investigador principal para América Latina del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), estima que Washington se lo "ha autoinfligido" por no prestar la debida atención a la región y por "su incapacidad" para erigirse en una alternativa a China.

Pekín "no pide que solo participen los demócratas" y es el Estado el que manda, mientras que Estados Unidos y el BID dependen de los fondos del sector privado, lo que impide que los países "salgan con un cheque en la mano".

Fue un "error" y una "torpeza" de Washington convocar una cumbre cuando tenía poco que ofrecer y un tercio de sus embajadores en la región no están nombrados o no han sido confirmados aún por el Senado, considera Sabatini.

"Teatralidad"

Las tensiones entre los países gobernados por la izquierda y la derecha no son nada nuevo en la región, y tampoco los rifirrafes con Washington. Pero llama la atención el boicot de México, pese a que Ebrard se esmeró en limar asperezas.

"Un país que depende en sus exportaciones de Estados Unidos no viaja para participar en la cumbre y Estados Unidos tiene que aguantarlo porque lo necesita para regular la migración en la frontera, en el combate contra las drogas y como un puente con América Latina", resume Sabatini, refiriéndose a la ausencia de López Obrador.

La diplomacia "ha pasado a un segundo plano frente a la teatralidad política de López Obrador" que ha aprovechado la Cumbre para "pulir sus credenciales de izquierda", concluye Ryan C. Berg. "Pero este desaire diplomático no se olvidará".

 



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